Donde todo comienza
Situadas en el corazón del Prepirineo catalán, nuestras viñas se extienden por seis zonas entre los 900 y los 1.260 metros de altitud.
Nos protegen la Roca de Canalda y el Puig Sobirà, símbolos de nuestro entorno y refugio de aves rapaces como el halcón peregrino o el buitre común.
A tan solo media hora de cualquier núcleo urbano, vivimos en un paisaje extremo, vivo y aislado, que convierte nuestro cultivo en un reto diario y una promesa de calidad.
Trabajamos la tierra con respeto y pasión, entendiendo cada viña como un ser único, con personalidad e historia propias. Cada parcela aporta un carácter distinto, como si fueran personajes que enriquecen el relato de nuestros vinos. Así, unimos técnica y filosofía para cultivar no solo uvas, sino también identidad y autenticidad en cada copa.
Trabajamos un paisaje vivo y salvaje, entre bancales de piedra y masías con siglos de historia.
Solo uva propia. Control absoluto desde la cepa hasta la botella.
Maduración lenta, mínima intervención y acidez natural.
Biodiversidad activa, más allá de lo que marca la normativa.
Más calidad que cantidad. Cada vino es una pieza única.
Nos guía la viña, no el mercado. Si no está listo, no se embotella.
Es una viña plantada en 2020, que en 2023 sufrió una gran granizada. Todos los cepos quedaron como palillos. Estos dos últimos años hemos hecho un gran esfuerzo para recuperarla y devolverle su fuerza. Está situada en lo alto de la montaña, lo que le permite disfrutar de aire fresco todo el día, gracias al viento que cruza la colina. Pero cuidado: ese viento, que a veces es suave, también puede ser peligroso. Hemos llegado a registrar ráfagas de más de 150 km/h.
En definitiva, es una viña guerrera. Es la más expuesta a los elementos, pero la uva que produce es excepcional. Junto a la viña se encuentra la masía de Caballera, una casa con mucha historia. De hecho, los campos que hoy cultivamos eran antiguamente usados por los habitantes de la masía para plantar sus «trumfos» (las patatas de nuestra región, Odèn) y otras hortalizas.
Como su nombre indica, es la viña más antigua que tenemos y la que dio inicio a este proyecto de vino de altura. Fue plantada en 2009, en la ladera sur de la montaña, sobre antiguas terrazas de piedra que hemos restaurado. Esta viña está en manos del miembro más veterano de nuestra familia, que con sus 87 años sigue cuidándola con paciencia y sabiduría.
Está algo más protegida del clima extremo. El suelo es más arcilloso, lo que genera un microclima más húmedo que favorece un tipo de maduración diferente.
Es nuestra viña más joven, plantada en 2025, y también la que está situada a menor altitud, a 900 metros. Rodea la masía de Soldevila, una casa con siglos de historia. Hemos encontrado registros de comercio de vino datados en el año 922. Actualmente estamos en proceso de restaurar la masía manteniendo su esencia original.
Aún no podemos contar muchas vivencias con esta viña, pero sabemos que el terreno es excelente por todo el trabajo agrícola que ha recibido a lo largo de los años. Y sobre todo, hay algo mágico: incluso cuando llueve o está nublado en las otras viñas, en Soldevila siempre hace sol.